Watchlist March 2026 Spanish
LISTA DE SEGUIMIENTO DE MARZO DE 2026
Última actualización: 25 de marzo de 2026 - La nueva Lista de Vigilancia de CIVICUS Monitor destaca serias preocupaciones sobre el ejercicio de las libertades cívicas en Benín, Ecuador, Georgia, Irán y Filipinas.
La Lista de Vigilancia llama la atención sobre países donde existe un grave deterioro en el respeto del espacio cívico, basado en una evaluación de los hallazgos de investigación de CIVICUS Monitor, nuestros socios de investigación y consultas con activistas sobre el terreno. En las próximas semanas y meses, CIVICUS Monitor seguirá de cerca los acontecimientos en cada uno de estos países como parte de los esfuerzos para garantizar una mayor presión sobre los gobiernos. CIVICUS insta a estos Estados a hacer todo lo que esté en su poder para poner fin de inmediato a las represiones en curso y asegurar que los responsables rindan cuentas. A continuación se presentan descripciones de las violaciones del espacio cívico que ocurren en cada país. Si tiene información para compartir sobre el espacio cívico en alguno de estos países, por favor, escriba a monitor@civicus.org.
ECUADOR
Las condiciones del espacio cívico en Ecuador se han deteriorado rápidamente en un contexto en el que el Estado ha recurrido a la securitización y la militarización para responder a la violencia asociada al crimen organizado. Esta estrategia ha ampliado el papel de las fuerzas militares en funciones de seguridad pública y ha implicado limitaciones a las libertades fundamentales. A partir de enero de 2024, las autoridades han invocado la existencia de un supuesto “conflicto armado interno” para justificar medidas excepcionales que nocumplen con los estándares internacionales de derechos humanos. Esta creciente militarización ha estado acompañada de denuncias persistentes de graves violaciones de derechos humanos. Desde 2020, el espacio cívico del país figura en la categoría “obstruido” de la clasificación elaborada por el CIVICUS Monitor.
En septiembre y octubre de 2025, protestas pacíficas lideradas por pueblos indígenas fueron reprimidas con uso excesivo y letal de la fuerza tras la declaración de varios estados de excepción y el despliegue de miles de efectivos militares. Las movilizaciones formaron parte de un paro nacional de 31 días, una de las mayores expresiones recientes de protesta social encabezadas por organizaciones indígenas, principalmente en la Sierra Norte. Las protestas se desencadenaron tras la eliminación del subsidio al diésel anunciada por el presidente Daniel Noboa, decisión que provocó un aumento superior al 50 % en su precio, afectando de forma desproporcionada a comunidades indígenas y rurales.
Según reportes, las fuerzas de seguridad habrían asesinado al menos a dos líderes de la comunidad indígena kichwa de la provincia de Imbabura Efraín Fuérez, de Cotacachi, de un disparo en la espalda, el 28 de septiembre; y José Guamán, de Otavalo, de un disparo en el pecho, el 14 de octubre. Ese mismo día, Rosa Paqui Seraquive, mujer adulta mayor del pueblo kichwa saraguro, falleció por asfixia tras la exposición a gases lacrimógenos. Una cuarta víctima, Edison Farinango, falleció el 27 de diciembre tras pasar dos meses en estado crítico. Fue alcanzado por un cartucho de gas lacrimógeno durante las protestas en Imbabura.
La represión también dejó cerca de 500 personas heridas, incluidas al menos 25 de gravedad y 12 militares, y más de 200 personas detenidas arbitrariamente. La Alianza de Organizaciones por los Derechos Humanos del Ecuador documentó al menos 16 casos de desaparición forzada de corta duración. Asimismo, se registró la interrupción de los servicios de internet y telefonía móvil en Cotacachi, Otavalo y La Esperanza.
Al mismo tiempo que se intensificaba la represión, altos funcionarios públicos y algunos medios de comunicación promovieron discursos que vinculaban a organizaciones indígenas y a las guardias indígenas (grupos comunitarios de autoprotección en ejercicio de derecho propio) con el terrorismo y el crimen organizado, alimentando la estigmatización y criminalización de líderes indígenas y defensores ambientales. En este contexto, las autoridades han abierto investigaciones contra al menos 61 líderes indígenas y defensores ambientales, por cargos que incluyen terrorismo, financiamiento del terrorismo y enriquecimiento ilícito no justificado, entre otros delitos.
Este patrón de criminalización se ha profundizado desde 2025. A este respecto, el Frente Nacional Antiminero (FNA) ha reportado que más de 200 liderazgos sociales han sido investigadas o procesadas en varias provincias con importantes poblaciones rurales e indígenas, entre ellas Imbabura, Cotopaxi, Bolívar, Los Ríos y Azuay. El 23 de febrero de 2026, tres personas defensoras fueron condenadas a cuatro años de prisión por oponerse al proyecto minero Curipamba-El Domo, en la provincia de Bolívar. Otras 32 personas defensoras permanecen bajo investigación en Bolívar y Los Ríos por su presunta vinculación con la misma lucha en contra de proyectos mineros.
La libertad de asociación también enfrenta crecientes presiones. Tras ganar las elecciones de abril de 2025 y consolidar su mandato, el gobierno del presidente Daniel Noboa impulsó un paquete legislativo de amplio alcance que endurece el control del Estado sobre las organizaciones de la sociedad civil. Gran parte de estas leyes fueron aprobadas por la Asamblea Nacional bajo la modalidad de proyectos económicos urgentes (procedimientos legislativos acelerados de carácter excepcional). Entre ellas, cabe destacar la Ley de Transparencia Social, aprobada en agosto de 2025, y su reglamento de aplicación emitido en octubre del mismo año. Estas disposiciones imponen obligaciones de reporte particularmente gravosas, permiten la congelación administrativa de cuentas bancarias y establecen restricciones a las actividades de incidencia contra proyectos mineros aprobados por el Estado; lo cual resulta especialmente preocupante en un país donde las actividades petroleras y mineras han acrecentado los conflictos socioambientales y territoriales. Aunque en 2025 se presentaron varias acciones de inconstitucionalidad contra esta normativa, la Corte Constitucional las admitió a trámite, pero aún no ha suspendido los efectos de la ley.
Las organizaciones de la sociedad civil denunciaron que el nuevo marco jurídico ya está siendo utilizado para atacarlas. Desde septiembre de 2025, las autoridades han congelado las cuentas bancarias de varias organizaciones indígenas y ambientales en el marco de presuntas investigaciones contra el blanqueo de capitales dirigidas por la Unidad de Análisis Financiero y Económico (UAFE), a menudo sobre la base de informes confidenciales de “inteligencia”. Las organizaciones afectadas afirmaron que no pueden acceder a las pruebas presentadas en estos informes ni impugnarlas, una situación que pone de manifiesto el riesgo de que los controles financieros se utilicen de manera abusiva contra la sociedad civil.
Por ejemplo, el 27 de septiembre de 2025, durante el paro nacional, la Fundación Pachamama denunció que sus cuentas habían sido congeladas y que se había abierto una investigación penal contra su presidente. Al menos veintisiete organizaciones fueron objeto de medidas similares, entre ellas Alianza Ceibo, el FNA, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), el Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi (MICC) y Yasunidos. En diciembre de 2025, Human Rights Watch advirtió de que las congelaciones injustificadas de cuentas bancarias estaban afectando el funcionamiento de las organizaciones de la sociedad civil y expresó preocupación por la falta de garantías al debido proceso.
Persiste la alarma ante las violaciones a la libertad de expresión y a la libertad de prensa. Según la organización Fundamedios, al menos cinco periodistas fueron asesinados en 2025. El 20 de noviembre de 2025, el periodista Robinson del Pezo fue asesinado por hombres armados no identificados en La Libertad, ciudad costera de la provincia de Santa Elena. Del Pezo era fundador y director del medio digital La Voz del Pueblo, donde publicaba investigaciones sobre presuntos actos de corrupción relacionados con contratos municipales, transacciones de tierras y proyectos de obra pública. Por su parte, durante el paro nacional de 2025, organizaciones de libertad de expresión documentaron 55 ataques a periodistas en al menos cinco provincias.
La libertad de prensa se deterioró aún más con la suspensión y el cierre arbitrarios de al menos siete emisoras de radio, sobre todo comunitarias, la paralización del proceso de asignación de frecuencias y la aplicación de regulaciones que amenazan la viabilidad financiera de los medios de comunicación independientes. Un ejemplo de esto último fue la intervención administrativa y la puesta bajo supervisión estatal temporal de Gráficos Nacionales S. A. (GRANASA) por parte de la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros en febrero de 2026. La empresa, con sede en Guayaquil, edita dos de los periódicos privados de tirada nacional con mayor circulación del país: el Diario Expreso y el Diario Extra.
Estos acontecimientos se producen en un contexto de debilitamiento de la independencia judicial. Recientemente, el Observatorio de Derechos y Justicia (ODJ) informó sobre una crisis en el seno del sistema judicial, marcada por las injerencias políticas, las acusaciones de corrupción y las infiltraciones por parte de la delincuencia organizada. La violencia contra operadores de justicia también suscita preocupación. Entre 2020 y 2025, se produjeron ataques armados contra dependencias judiciales y tanto jueces como fiscales y personal de los tribunales fueron víctimas de al menos cuarenta ataques, entre ellos el asesinato de doce fiscales y tres jueces.
GEORGIA
El espacio cívico se está desmoronando rápidamente en Georgia. En 2024, CIVICUS Monitor rebajó la calificación del espacio cívico georgiano, que pasó de la categoría de “estrecho” a la de “obstruido”, y en diciembre de 2025 volvió a rebajarla a la categoría de “represivo”. Con el fin de reprimir las protestas masivas y contener una crisis política cada vez más profunda, las autoridades georgianas han adoptado una serie de leyes que amplían las restricciones a las libertades fundamentales y a la participación política, y que amenazan la supervivencia de la sociedad civil y de los medios de comunicación del país.
A partir del 28 de noviembre de 2024, las autoridades reprimieron con una fuerza excesiva las manifestaciones desencadenadas por la decisión del Gobierno del partido Sueño Georgiano de suspender las negociaciones de adhesión a la UE hasta 2028. Llevaron a cabo detenciones arbitrarias, utilizaron gases lacrimógenos y cañones de agua, y tanto la policía como individuos encapuchados sospechosos de estar afiliados al Gobierno utilizaron la violencia. Un año después del inicio de las protestas, las organizaciones de la sociedad civil (OSC) informaron que, según sus estimaciones, unas 160 personas habían sido sometidas a investigaciones penales, 300 a actos de tortura y malos tratos, más de 600 a detenciones administrativas y más de 1000 habrían sido multadas.
Aunque siguen organizándose concentraciones más modestas a diario, las autoridades no han cesado en sus ataques contra los manifestantes, imponiendo multas cuantiosas y procediendo a detenciones en virtud de nuevas leyes restrictivas. Desde 2024, una serie de modificaciones legislativas sucesivas ha ampliado incesantemente la lista de actos de protesta habituales que pueden dar lugar a detenciones administrativas inmediatas, por ejemplo, cubrirse la cara, cortar el tráfico u “obstruir la circulación de personas” en zonas peatonales. Además, en caso de reincidencia, los infractores se enfrentan a cargos penales que pueden acarrear penas de hasta dos años de prisión. En febrero de 2026, una docena de personas denunciaron que les habían embargado las cuentas bancarias por el impago de multas derivadas de su participación en protestas, a pesar de que habían recurrido las sanciones.
Al mismo tiempo, las autoridades georgianas siguen endureciendo las restricciones a la financiación de los actores de la sociedad civil y de los medios de comunicación, sometiéndolos a acoso administrativo y amenazando su supervivencia. A pesar de las manifestaciones multitudinarias, en 2024 las autoridades aprobaron una ley de “agentes extranjeros” y, en abril de 2025, otra similar. Esta última era una traducción directa de la Foreign Agents Registration Act estadounidense y también se aplicaba a los particulares, y establecía responsabilidad penal en caso de incumplimiento. La ley de 2025 también prohíbe que las emisoras de radio y televisión reciban financiación de “potencias extranjeras” y exige que las organizaciones de la sociedad civil obtengan la aprobación del Gobierno antes de aceptar subvenciones provenientes del extranjero, entre otras restricciones.
Como consecuencia de esta represión legislativa, numerosas OSC y medios de comunicación han sido objeto de inspecciones por parte de las autoridades anticorrupción, de investigaciones penales por motivos espurios y de la congelación de cuentas bancarias. En febrero de 2026, una cadena de televisión crítica con el Gobierno denunció haber sido sometida a un procedimiento administrativo por haber recibido una donación única procedente de Estados Unidos, que, al parecer, habría sido hecha por un ciudadano georgiano residente en el extranjero.
El último episodio de este aluvión legislativo represivo tuvo lugar en marzo de 2026 con la introducción de modificaciones que amplían radicalmente la definición de “subvenciones extranjeras”. De ahora en adelante, toda contribución financiera o ayuda material recibida del extranjero que se considere destinada a “influenciar” las políticas públicas será calificada como “subvención extranjera”. También se ha ampliado la definición de “donantes extranjeros” para incluir a particulares, sin fijar un umbral mínimo, por lo que incluso las contribuciones financieras de poca cuantía procedentes de ciudadanos extranjeros podrían dar lugar a responsabilidades penales, susceptibles de desembocar en penas de hasta seis años de prisión, en caso de carecer de la autorización para recibir subvenciones desde el extranjero.
Durante la misma sesión, se aprobó otra ley que establece responsabilidades penales y penas de prisión por “extremismo contra el orden constitucional” para toda persona que pretenda “establecer la impresión” de que las autoridades georgianas son ilegítimas, una disposición que muchos consideran que ha sido concebida para acallar las críticas respecto a las elecciones parlamentarias de octubre de 2024. El paquete legislativo también incluía disposiciones que prohíben afiliarse a un partido político durante ocho años a cualquier persona que haya trabajado para una organización que represente “intereses extranjeros”, lo que, en esencia, supone excluir de la vida política a cualquier persona que haya estado involucrada en la sociedad civil o en medios de comunicación financiados desde el extranjero.
El Gobierno no solo ha reprimido duramente a la prensa, las OSC y los manifestantes, sino también a la oposición política. En noviembre de 2025, la Fiscalía General anunció que había presentado cargos penales contra ocho figuras destacadas de la oposición por sabotaje, colaboración con intereses extranjeros y llamamiento a derrocar el Gobierno, entre otros, y solicitó penas de hasta quince años de prisión para algunas de ellas. La mayoría ya se encontraba en prisión, tras haber sido condenadas a penas de cárcel y a dos años de inhabilitación para el ejercicio de cargos públicos por haberse negado a declarar ante una comisión parlamentaria que investiga presuntos delitos cometidos por cargos gubernamentales entre 2003 y 2012, durante el gobierno del partido Movimiento Nacional Unido (MNU), actualmente en la oposición.
Dicha comisión estaba formada exclusivamente por diputados afines al partido Sueño Georgiano, ya que cuatro partidos de la oposición se habían negado a ocupar sus escaños o a participar en actividades parlamentarias tras cuestionar la imparcialidad de las elecciones de octubre de 2024. Las OSC han criticado tanto la composición como el mandato de la comisión, ya que consideran que ambos son incompatibles con la Constitución y el proceso parlamentario. Sostienen que la investigación es un pretexto del partido Sueño Georgiano para castigar a sus oponentes políticos y acabar con el pluralismo político en el país.
En octubre, se utilizaron las conclusiones de la comisión como base para solicitar al Tribunal Constitucional la ilegalización del MNU y de otros dos partidos de la oposición que el Gobierno considera como sus satélites, al tiempo que se aprobó una ley que prohíbe a las personas afiliadas a partidos ilegalizados presentarse a elecciones u ocupar cargos públicos. Tras la formación de una alianza de nueve partidos de la oposición, entre ellos el MNU, en marzo de 2026, el primer ministro Irakli Kobahidze anunció que también podría solicitar la ilegalización del resto de las formaciones de la coalición.
IRAN
El espacio cívico se deteriora rápidamente en Irán. Tras la represión mortal desencadenada por las autoridades en respuesta a las manifestaciones masivas, el ataque ilegal de Estados Unidos e Israel contra el país ha traído consigo aún más restricciones. Dado que los países vecinos también están restringiendo las libertades mientras se suceden las represalias de Irán, el conflicto amenaza con deteriorar todavía más las libertades fundamentales en la región.
Las manifestaciones, que recorrieron todo el país, comenzaron el 28 de diciembre de 2025, motivadas por el deterioro de la situación económica que siguió a la depreciación repentina de la moneda nacional, la inestabilidad económica general y las reformas políticas de gran envergadura. Fueron descritas como las mayores movilizaciones desde 2009, cuando millones de manifestantes salieron a protestar a raíz de unas elecciones controvertidas.
El 8 de enero de 2026, las autoridades cortaron por completo el acceso a internet en todo el país, así como las redes telefónicas y móviles. Entre el 8 y el 11 de enero de 2026, las fuerzas del Estado habrían masacrado a miles de manifestantes mediante el uso de una potencia de fuego abrumadora. Según informes, las autoridades habrían restringido las actividades y los desplazamientos en el espacio público a través de medidas similares a las previstas por la ley marcial. El 19 de enero de 2026, Reuters informó que las autoridades habían confirmado que al menos 5000 personas habían sido asesinadas en el marco de las protestas, entre ellas alrededor de 500 miembros del personal de seguridad. Según la agencia iraní de noticias de activistas de derechos humanos HRANA, durante ese periodo se practicaron más de 24 000 detenciones. Actualmente algunos manifestantes se enfrentan a penas de muerte, un indicio preocupante de la inminencia de represalias brutales por las manifestaciones. Anteriormente, el jefe del Poder Judicial iraní Gholamhossein Mohseni Ejei había amenazado a los manifestantes, advirtiéndoles que serían sancionados “de forma irrevocable, con la máxima severidad y sin contemplación legal alguna”.
El deterioro del espacio cívico iraní que siguió a las protestas se agravó aún más tras los ataques aéreos coordinados de las fuerzas estadounidenses e israelíes del 28 de febrero de 2026, que acabaron con la vida de al menos 1255 personas e hirieron a unas 10 000, según datos proporcionados por los responsables iraníes el 10 de marzo de 2026.
Las autoridades cortaron el acceso a internet en todo el país, por segunda vez en tan solo dos meses. También se ha bloqueado o interrumpido el acceso a redes VPN y plataformas de gran importancia, limitando así fuertemente las comunicaciones y el intercambio de información que podría salvar vidas. Los periodistas se han visto obligados a recurrir a enlaces por satélite, aplicaciones encriptadas y al contrabando de grabaciones, a menudo mediante herramientas prohibidas como Starlink, pese a los graves riesgos que esto conlleva.
Entretanto, persiste gran preocupación por la integridad de las personas detenidas durante las protestas, los manifestantes víctimas de desaparición forzada y otros activistas encarcelados, entre ellos la defensora de los derechos humanos Narges Mohammadi, a quien recientemente se le impuso una pena adicional de siete años de prisión. En estas circunstancias, nunca se insistirá lo suficiente en la necesidad de proteger y garantizar la seguridad de los periodistas, manifestantes y defensores de los derechos humanos atrapados en zonas de conflicto activo.
A pesar de los riesgos, miles de iraníes han seguido reuniéndose pacíficamente en las calles para expresar su diversidad de opiniones respecto a la muerte del líder supremo Ali Jamenei en los ataques aéreos y el posterior nombramiento de Mojtaba Jamenei como su sucesor, subrayando así la necesidad acuciante de que todas las partes respeten el derecho a la libertad de expresión, asociación y reunión pacífica del pueblo iraní, y actúen dentro de los límites de la legislación internacional en materia de derechos humanos, incluidas las disposiciones sobre la protección de la población civil.
En toda la región, el espacio cívico está siendo sometido a una mayor securitización a medida que el conflicto se extiende y que Irán ataca a Israel y a países vecinos que acogen a fuerzas estadounidenses, como Bahréin, los EAU, Kuwait y Catar. Todos los gobiernos de los países mencionados anteriormente han advertido a los ciudadanos que no graben ni difundan imágenes de actividades militares, suscitando así el temor a que se produzca un deterioro aún mayor de las libertades cívicas en una región donde ya están muy restringidas.
FILIPINAS
Casi cuatro años después de la llegada al poder del presidente Ferdinand Marcos Jr., activistas y grupos de la sociedad civil han expresado su profunda preocupación por los esfuerzos de las autoridades para restringir el espacio cívico y silenciar la disidencia.
En septiembre de 2025, las protestas contra la corrupción fueron reprimidas con una fuerza excesiva y detenciones. La policía arrestó y detuvo arbitrariamente a más de 200 personas, entre ellas 91 niños, y les impidió comunicarse con sus familias y acceder a asistencia legal.
Las fuerzas del Estado también infligieron abusos físicos a los manifestantes, entre ellos infracciones que pueden constituir actos de tortura y otros malos tratos. Las víctimas explicaron que, mientras se encontraban detenidas, la policía les propinó puñetazos, patadas y golpes con porras —incluso a niños— y que los terribles malos tratos se prolongaron durante su detención. Nadie ha rendido cuentas por estas violaciones.
El 3 de noviembre de 2025, el Departamento de Justicia anunció que había iniciado diligencias penales contra al menos 97 manifestantes y había presentado cargos contra 72 personas por sedición e incitación a la sedición en virtud de la Ley de Prevención de la Ciberdelincuencia de 2012. Los manifestantes también han sufrido actos de acoso. Entre las personas que recibieron citaciones del Departamento de Justicia figuraba Renato Reyes Jr., presidente de la alianza de organizaciones de izquierda Bagong Alyansang Makabayan (BAYAN). Al menos cuatro dirigentes estudiantiles también recibieron citaciones para comparecer ante el Departamento de Justicia.
Los activistas y los defensores de los derechos humanos siguen siendo blanco de ataques. El 25 de febrero de 2026, la policía arrestó y detuvo en Mandaluyong City a los defensores de los derechos humanos Edel Parducho y Three Odeña durante la marcha en conmemoración del 40.º aniversario de la Revolución del Poder del Pueblo en las inmediaciones del Santuario EDSA, un monumento conmemorativo de dicha revolución. Odeña es un activista juvenil y Parducho es responsable de educación en derechos humanos de la coalición Philippine Alliance of Human Rights Advocates (PAHRA).
También se informó de la detención de manifestantes que se oponen a la minería en Dupax del Norte (Nueva Vizcaya), en enero de 2026, así como de la detención, en febrero del mismo año, de agricultores y vecinos por las protestas relacionadas con antiguos conflictos por tierras en La Laguna.
En noviembre de 2025, defensores del derecho a la tierra fueron detenidos o agredidos en Negros Occidental y Cagayan Valley, dos provincias fuertemente afectadas por los tifones Tino y Uwan.
Las autoridades filipinas también están presentando cargos infundados por financiación del terrorismo contra activistas y grupos de la sociedad civil. En diciembre de 2025, varios activistas fueron detenidos y acusados falsamente de financiación del terrorismo, entre ellos Carmilo Tabada, exempleado del centro Central Visayas Farmers' Development Center (FARDEC), y Michael Cabangon, líder sindical y trabajador de la cultura de la región de Cordillera.
También se han recibido informes constantes sobre el señalamiento de activistas, a quienes se acusa de criticar al Gobierno y de ser simpatizantes comunistas como pretexto para perseguirlos. Esta situación ha suscitado una profunda preocupación y ha sido destacada por los expertos de las Naciones Unidas. En diciembre de 2025, el oficial retirado del Ejército Antonio Parlade Jr. calificó de rojo al abogado ecologista Antonio La Viña, mientras que en febrero de 2026, dos líderes sindicales y cinco dirigentes de movimientos populares de gran envergadura también fueron etiquetados como rojos en carteles que se distribuyeron en Bicol.
Los profesionales del periodismo también siguen expuestos a situaciones de riesgo. En enero de 2026, la periodista Frenchie Mae Cumpio y la defensora de los derechos humanos Marielle Domequil fueron declaradas culpables de financiación del terrorismo y condenadas a un mínimo de doce años de prisión, tras haber pasado casi seis años en régimen de prisión preventiva. En febrero de 2026, un tribunal regional de primera instancia denegó su solicitud de libertad bajo fianza.
BENIN
En vísperas de las elecciones presidenciales previstas para el 12 de abril de 2026, Benín ha sido incluido en la lista de vigilancia de CIVICUS Monitor debido a la erosión del espacio cívico y democrático. Esta situación se ha puesto de manifiesto mediante la represión transnacional, la suspensión de medios de comunicación, la detención arbitraria y el procesamiento de críticos y periodistas, y la prohibición frecuente de manifestaciones.
Si bien el presidente Patrice Talon ha decidido respetar el límite constitucional de dos mandatos y no presentarse, solo dos candidatos han obtenido la aprobación del Tribunal Constitucional para concurrir a los comicios presidenciales: Romauld Wadagni, actual ministro de Finanzas y sucesor de Talon, bajo la bandera de la coalición presidencial mayoritaria, y Paul Hounkpè, bajo las siglas de Forces cauris pour un Bénin émergent (FCBE), quien se ha posicionado como un opositor “moderado”. Los candidatos de otras formaciones políticas, incluido el del partido de oposición Les Démocrates, han quedado excluidos debido a los estrictos requisitos del Código Electoral de 2024.
El espacio democrático y el margen para la participación electoral de la oposición política se han erosionado sustancialmente bajo el mandato de Patrice Talon, con el aumento de los umbrales establecidos en el Código Electoral de 2024 para que los partidos políticos tengan representación en la Asamblea Nacional, así como del porcentaje de avales necesarios para que los candidatos puedan presentarse a los cargos de presidente o vicepresidente, entre otras exigencias categóricas. Algunos de estos requisitos se establecieron en el Código Electoral de 2019 y se endurecieron en 2024.
Estas exigencias provocaron que la oposición política no obtuviera representación en la Asamblea Nacional tras las elecciones legislativas y municipales del 11 de enero de 2026. La reforma constitucional de noviembre de 2025 y otras medidas han ido concentrando el poder en el Ejecutivo de forma creciente. Además, el respeto de las libertades fundamentales se ha erosionado aún más tras el golpe de Estado frustrado de diciembre de 2025.
Desde la adopción del Código Digital (Ley 2017-20) en 2018, las autoridades han utilizado con frecuencia sus disposiciones restrictivas contra los críticos, en particular el artículo 550, que tipifica como delito la “publicación de noticias falsas” y el “acoso por medios electrónicos”. Los críticos, activistas y periodistas suelen ser procesados por el Tribunal de Represión de Delitos Económicos y Terrorismo (CRIET), una jurisdicción especializada. El 12 de enero de 2026, este tribunal prolongó de seis meses la detención preventiva del periodista Huguès Comlan Sosoukpé, denunciante de irregularidades y célebre crítico de Talon, violando así la legislación nacional sobre la duración de las detenciones preventivas y otras garantías procesales. Sosoukpé, que también ejerce como periodista y director del medio de comunicación Olofofo, y secretario general de la organización Association Béninoise des Web Activistes (ABWA), fue detenido el 11 de julio de 2025 en Abiyán (Costa de Marfil), donde se había exiliado, y entregado a las autoridades beninesas. Ha sido acusado de “acoso por medios electrónicos”, en virtud del Código Digital, así como de “incitación a la rebelión” y “apología del terrorismo”, entre otros cargos. Su abogado, Dossou Stanic Adjacotan, fue detenido en enero de 2026 en el aeropuerto de Cotonú a su llegada y presentado ante el CRIET por acusaciones de “apología de un golpe de Estado”. Posteriormente fue puesto en libertad mientras se llevaban a cabo las investigaciones correspondientes.
Otros periodistas y críticos han sido detenidos o procesados, entre ellos el ciberactivista Steve Amoussou, que fue secuestrado en Lomé (Togo) y condenado en junio de 2025 a una pena de dos años de prisión y una multa por “injurias por motivos políticos” y “difusión de información falsa” en una página de Facebook crítica con el Gobierno. Asimismo, en julio de 2025 fue detenido en Sinendé el reportero de la emisora de radio comunitaria Nonsina, Djobo Bio, y acusado de “difusión de noticias falsas” por una noticia publicada en la página de Facebook del medio sobre la agresión a un pastor y su esposa. El 15 de julio de ese mismo año, agentes del Centro Nacional de Investigaciones Digitales (CNIN) detuvieron al periodista y redactor jefe del periódico La Boussole Cosme Hounsa por “acoso a través de medios electrónicos”, a raíz de una denuncia presentada por un ministro.
También se han producido nuevas detenciones arbitrarias, incluso de internautas y de usuarios de redes sociales, tras el intento frustrado de golpe de Estado del 7 de diciembre de 2025. La periodista e influencer Angèle Kpeidja habría sido detenida por sus comentarios en redes sociales sobre el intento de golpe de Estado. Otras personas, entre ellas un periodista y un banquero jubilado, estarían siendo procesadas por varios cargos.
La Haute Autorité de l'Audiovisuel et de la Communication (HAAC), el organismo regulador de los medios de comunicación, suspende periódicamente a medios de comunicación y retira las acreditaciones de prensa a periodistas. En marzo de 2025, la HAAC suspendió el portal Bénin Web TV y retiró el carné de prensa a su director, Paul Arnaud Deguenon, al que acusó de incurrir en incoherencias en la cobertura de la presentación del presupuesto de la HAAC ante la Comisión de Presupuestos del Parlamento. Esto ocurrió tras la suspensión de cinco medios de comunicación en enero de 2025. En noviembre de ese mismo año, la HAAC retiró las frecuencias a cinco radioemisoras y suprimió los segmentos de múltiplex de tres canales de televisión. En diciembre de 2025, la entidad informó que los medios impresos, las plataformas digitales y las emisoras de radio y televisión estaban obligados a difundir de forma inmediata y exacta, sin edición ni dilación, toda información de servicio público emitida por el Gobierno. En caso de incumplimiento, los medios de comunicación podrían enfrentarse a sanciones.
También se ha restringido la libertad de manifestación. El Código Penal prohíbe “toda reunión desarmada susceptible de perturbar la paz pública”, un motivo ambiguo que permite vetar los actos de protesta. También suelen prohibirse las manifestaciones y los mítines de los partidos de la oposición. El 22 de marzo de 2025, la policía interrumpió de forma violenta una formación organizada por el partido de la oposición Les Démocrates en su sede de Dassa-Zoumè. Los agentes habrían dispersado a los participantes, incautado equipos y detenido brevemente a algunos miembros del partido. La policía ya había prohibido un mitin del mismo partido en Abomey-Calavi, el 9 de febrero de 2025.
Entretanto, nadie ha rendido cuentas por la represión de las manifestaciones contra la exclusión de la oposición de las elecciones legislativas de 2019, en las que fueron asesinadas cuatro personas.
En este contexto cada vez más restrictivo, son muchos los activistas y periodistas que han afirmado que se autocensuran. Además, las OSC han señalado que dudan a la hora de convocar movilizaciones ciudadanas y que extreman la precaución cuando redactan publicaciones sobre reformas, cuestiones de gobernanza o violaciones de los derechos humanos con el fin de evitar acusaciones por provocación o desórdenes públicos.